Hijo mío:
Cuando ya no me cuentes -como todavía lo haces- tus travesuras y tus detalles personales; cuando ya no te de miedo la oscuridad y abras, por fin las paginas de esos libros desconocidos que hoy apenas miras, tal vez mal acomodados, en nuestra modesta biblioteca; cuando seas mayor, acércate a esos señores que ahora te parecen extraños y un tanto misteriosos, y que, si no te infundan desagrado, quizá te merecen solo cierta indiferencia.
